BLOGGER TEMPLATES AND TWITTER BACKGROUNDS

martes, 16 de abril de 2013

"No me preguntes por qué", capítulo 2.

12 de septiembre de 2012, 19:14 p.m.

Era demasiado tarde para salir a dar un largo paseo, y demasiado pronto para cenar. Aún así, ya me daba vergüenza continuar desparramada en la cama, a pesar de que los fines de semana era todo lo que tenía que hacer. Para algo me di el capricho de comprar una propiedad en el culo de la civilización para desconectar...

La verdad es que me lo monté muy bien. Supe elegir la carrera adecuada, aunque no la más motivante, pero ahora lo agradezco. Administración de Empresas es lo que tiene... Pero si sabes por dónde moverte y eres hábil como administrador, tienes ganado tu puesto en la empresa en cuestión. Y si además eres amigo y/o familiar de otros amigos y familiares del jefe, ya tienes trabajo. Es triste, lo sé, pero no estoy diciendo nada que no sepamos todos. Sin enchufe lo tienes negro, muy negro. De todas formas, y no es por alardear, soy buena en mi trabajo, y estoy a gusto. También es cierto que al principio me costó adaptarme, pero como en todos los trabajos, ¿no?

Así que de esa forma ocurrió, mi madre habló con su mejor amiga para que me contratara en su procuradora. Digamos que nunca he tenido la necesidad de entregar mi curriculum a ninguna empresa. Yo no he vivido la experiencia de patearte la ciudad repartiendo ese dichoso documento que, seamos sinceros, no todas la empresas se molestan siquiera en echar una triste ojeada antes de arrojarlo a la papelera. Ni tampoco he sufrido la desesperación de no encontrar trabajo a pesar de necesitar urgentemente tener ingresos. Todas esas lecciones que te da la vida desde que te gradúas hasta que te contratan, me las he ahorrado. Me gradué y prácticamente a los diez días ya estaba en periodo de prueba en la procuradora. Un periodo de prueba que, debido a la eficacia de mi trabajo a pesar de mi casi inexistente experiencia laboral, desembocó en un contrato indefinido que a día de hoy es uno de mis valiosos tesoros tal y como está la economía.

Siempre tuve muy claro que en el futuro quería tener dinero. Esa ha sido mi prioridad desde que tengo uso de razón. No quería verme como una desgraciada que todavía pide la propina a su madre con 25 años. Ni con 22. Me veo celebrando mi cuarentena con un piso en el centro (un piso más grande quiero decir), un chalet en la costa para pasar el verano, mis coches, mi vestuario y supongo que con esta humilde casa de campo que me ayuda a escapar del agobio de la ciudad.

Soy consciente de que resulta llamativo que entre mi lista de deseos para mi futuro de vida no figure un marido, unos hijos, una mascota... No sé, alguien que me haga compañía y que llegada una cierta edad se preocupe por mí y me cuide cuando no tenga a nadie más a mi lado. Pero no. Esa es la realidad. No es una prioridad para mí. Lo único que quiero que no me falte nunca es pasta. No necesito nada más que eso para vivir dignamente. Las compañías van y vienen. Las que se van, te pueden marcar o te pueden dejar indiferente. Y las que vienen siempre son bienvenidas, pero su permanencia es incierta. Y a mí me han marcado, sobre todo una vez. Os lo garantizo.

¿Y puedo quejarme de mi situación con 27 años en plena crisis económica del país? Pues no, no puedo.

Así que allí estaba, tirada en esa cama cochambrosa, que nada tiene que ver con el colchón de látex del piso donde resido, arrinconada en esos escasos 12 metros cuadrados. Pero es irónicamente lo que más extraño a lo largo de toda la semana. Ir allí. Perder el tiempo allí. Pensar allí. Descansar allí. Todo allí, en esa casita de campo situada entre los árboles y las zarzamoras del bosque de Lompro, el pueblo cuya aldea frecuentábamos mis padres y yo todos los domingos del verano de mi infancia. Será por eso, debido a la dulzura que percibo al recordar aquellos días inmortales de mi vida, por lo que decidí comprar esa finca.

Nadie puede imaginarse lo apacible que es llegar a un lugar donde no hay apenas civilización, ni gente que esté pendiente de tu presencia o tu ausencia, de la luz que se ve a través de tus ventanas, de si tus persianas están levantadas o no, si has tendido una lavadora, etc. Nada. En las calles de Lompro sí tendría este problema, pero allí abajo, en la aldea, sólo me molesta de vez en cuando el pastor con sus ovejas si no me he despertado temprano, algún animal entre la maleza por la noche, o el sonido de la lluvia y el viento si es invierno. Ni siquiera me molesta llegar a mi casa el domingo por la noche oliendo a lumbre después de estar todo el fin de semana frente a la chimenea. Y ahora, con el buen clima, tampoco me fastidian demasiado las picaduras de mosquito. No hay nada que un buen puñado de recuerdos no puedan compensar.

Y sin embargo, todavía era de día, sentía cómo cada gramo de mi peso cubría mi propia huella corporal sobre el colchón, la ligera brisa que entraba por los huecos de la persiana restaba el calor acumulado durante el día, y escuché algo inusual fuera de la casa para ser la hora que era y estar en el lugar en el que estaba.







4 comentarios:

  1. La chica tiene la vida, más o menos organizada para ser tan joven; eso está muy bien. Por enchufe al principio, como muchos. Imagino, imagino, me gusta su casita en la entre árboles y zarzamoras, lejos del ruido y de la gente, llegar "ahumada" al piso...
    A ver ese sonido inusual a qué se debe.
    ¡Me ha gustado!
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que no me he esmerado demasiado describiendo la casa :S pero bueno, aún quedan bastantes capítulos por delante y podré hacerlo mejor (espero).
      ¿El sonido inusual? XD verás.
      Me alegra que te guste Nena!!

      .Estelle.

      Eliminar
  2. Hola Estelle... "No me preguntes por qué" es un título que me gusta.
    Me encanta la casita donde se refugia esta chica y lo has detenido en un momento interesante.
    Creo que hay mucha gente que trabaja por enchufe, o sea, porque conoce a alguien. Si realiza su trabajo bien, no tengo nada que objetar.
    Cada uno tiene su forma de pensar. Yo, desde luego, apuesto por el amor. Casas, coches, joyas... me dan igual. Prefiero vivir en una cabaña en medio del monte con amor, que en un palacio sin amor.
    Lo material me importa muy poquito, prefiero el amor... jajaja
    ¿Te imaginas en esa casita con el hombre de tus sueños? Serías muy feliz, seguro.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me parece que el título cobrará más sentido al final ;) pero me alegra que te guste, eso es señal de que he acertado.
      Según están las cosas, afortunada es la persona que consigue un puesto de trabajo solamente por sus cualidades sin experiencia profesional.
      A mí también me gustaría compartir una casa así con el hombre de mis sueños, pero Asela está hecha de otra pasta.

      .Estelle.

      Eliminar