BLOGGER TEMPLATES AND TWITTER BACKGROUNDS

sábado, 20 de julio de 2013

"No me preguntes por qué", capítulo 3.

Entonces sí que tuve un buen motivo para despegarme de la cama. Descarté de inmediato que se tratara de algún tipo de animal, incluso antes de oír las voces. Y desde fuera, sin entender ni una palabra de lo que decían, supe que al menos una de esas voces ya la había escuchado antes y la conocía bien.
Demasiado bien.

Mientras me levantaba de un salto nervioso que no duró más de un segundo, imploré que por favor no se tratara de quien yo creía que era, porque aun habiéndolo superado, me dolería inevitablemente. Asomé los ojos entre los huecos de la persiana. Eran un hombre y una mujer, pero sólo pude verlos de espaldas desde una perspectiva bastante lamentable, así que decidí abrir la puerta y salir para llamarles la atención. No sólo me irritaba la idea de que fuera quien yo creía que era, sino que además habían atravesado la verja que cercaba mi propiedad. Se pensarían que, al tener las ventanas cerradas a cal y canto y no ver estacionado ningún coche en la puerta, no había nadie en la casa en aquellos momentos. Bueno, lo que pensaran era precisamente lo que menos me preocupaba.

Antes de abrir la puerta, me puse unas zapatillas porque llevaba descalza prácticamente todo el día. La abrí sin hacer el más mínimo ruido, para que siguieran creyendo que nadie les estaba observando, y salí al exterior de la manera más sigilosa que fui capaz. Para aquel entonces, la parejita se estaba adentrando entre los árboles. (Serán imbéciles. ¿No podían haber rodeado mi casa en vez de asaltar el jardín cruzando la verja para llegar antes?)

Ahora pisando el mismo suelo que acababan de pisar ellos, sin persianas de por medio, les reconocí a la perfección. Serán cabrones...

Ese lugar se lo di a conocer yo años atrás, y ha quedado bastante claro que cometí un grave error. Ahora Alex se lo ha enseñado a Mara. Mi paraíso de la infancia, mi aldea donde poder desconectar los fines de semana... Nunca debí hablarle de Lompro ni de lo que significaba para mí, ni mucho menos llevarle hasta allí. Sabía que me dolería, pero ya no se trataba sólo de dolor. Se trataba además de un cúmulo de barbaridades que me callé en su momento, que se quedaron dormidas en mi subconsciente, y que al verlos allí, en mi paraíso, habían vuelto a despertar.

Mi primer impulso fue pisarles los talones y amenazar con denunciarlos por entrar en una propiedad privada, aunque tampoco me había afectado demasiado ese detalle, pero tal era la rabia que sólo quería vengar el dolor que hice permanecer guardado tanto tiempo.

No era justo que fuera feliz. Ninguno de los dos. Ni siquiera por separado. Y menos en Lompro.

Estoy segura de que ella no sabe por qué Alex conoce este sitio... Nunca fue una de sus pocas virtudes conservar los méritos ajenos. Ni tampoco asumir la culpa. Ni confesar una mentira desmesuradamente transparente a la vista de cualquiera. En fin, si tuviera que nombrar alguna de sus virtudes es posible que me quedara en silencio durante aproximadamente dos horas pensando sin éxito.

Así que, una vez aterricé de mi ensimismamiento provocado por el odio y la incredulidad, me encaminé directa hacia a ellos pisando sus talones. Pero no terminé de dar cuatro pasos cuando algo molesto noté en la planta de mi pie. Los muy idiotas habían caído las llaves del coche en mi parcela.

Las recogí de mala gana, dispuesta a tirárselas a la cabeza antes de pronunciar palabra. Pero una vocecita interior (sería mi subconsciente, o mi rabia, o mi posible primer síntoma de esquizofrenia; no sé, pero algo dentro de mí se encendió de repente) me invitó a que me apaciguara, a que no descargara mi dolor en una simple discusión con amenazas de por medio. Me propuso que fuera más inteligente, entendiendo por inteligente desarrollar una venganza más lenta y fría desde la sombra.

Si ellos habían sido tan tontos de perder las llaves del coche en la puerta de mi casa, no iba yo a ser tan tonta de devolvérselas.

Al menos no en esos momentos.


sábado, 27 de abril de 2013

"Candy" de Kevin Brooks

Chico conoce a chica. Chica oculta algo. Chico no puede parar de pensar en ella. Chica lo mete en serios problemas. Chico intenta darlo todo por llevarla por el buen camino. Chica... Chico...

Prostitución y drogas. Posiblemente serán unos temas demasiado vistos y exprimidos. Es probable, que después del apogeo revolucionario de Campos de Fresas y la película Requiem por un sueño, no haya nada nuevo que relatar y filmar con la esperanza de que enganche y dé de qué hablar durante quién sabe cuanto tiempo...

Bueno, al menos yo creía que sería así hasta ayer por la noche.


¿Conocéis esa sensación, cuando terminas de leer un libro, en que te parece increíble que finalmente alguien que no conoces haya vuelto a sorprenderte con esa historia que llevaba dentro y que por fin un día decidió sacar a la luz escribiéndola? ¿Cómo los sentimientos perfectamente descritos por los personajes pasan a formar parte de ti, sin querer, pudiendo sentir el mismo dolor, amor, nostalgia y ganas de llorar? Y mejor aún, ¿que un amor inesperado, nuevo e irracional sea capaz de absolutamente todo, sin que la persona en cuestión sea dueña siquiera de sus actos?

Os aseguro que es una sensación de lo más extraña, pero reconfortante. Como cuando descubres que eres capaz de hacer algo para lo que siempre habías pensado que no habías nacido. Como si hubieras aprendido algo nuevo y te sintieras más realizado por ello. No sé explicarlo mejor, sólo que, después de terminar la última página, me fui a dormir preguntándome qué sería de ellos, de su amor, de lo que comparten... Deseaba con todas mis fuerzas que los protagonistas de esa historia existieran de verdad, a pesar del dolor que hay de por medio. Quería más que nada en el mundo que más personas a parte de mí experimentaran lo mismo que yo gracias a "Candy". Me hubiera gustado saber con certeza que esa historia es real, y que tanto Candy como Joe están en algún lugar, haciendo cualquier cosa, mientras yo desde aquí les doy gracias por haberse conocido.

Pero me quedé dormida.

Y lo cierto es que yo no quería ese libro. Aún recuerdo la cara de "Éste no era el libro que te pedí pero sonreiré y te daré las gracias como si lo fuera" que puse cuando uno de los errores de mi vida me lo regaló (incluso con este pequeño detalle sospeché que lo nuestro no iría a ninguna parte). 


Llevaba mil años buscando por todas partes "Candy", pero de Luke Davies. Se hizo una película basada en esta novela, cuyo protagonista es el desaparecido Heath Ledger (Joker en "El caballero oscuro"). Es una de mis películas preferidas, y en cuanto me enteré de que se rodó partiendo del argumento de dicho libro, no he parado de buscarlo desde entonces. Pero al parecer, es una novela que está descatalogadísima y es muy difícil, por no decir imposible, de encontrar. De ahí que la persona que intentó regalármelo comprara el que no era.

Pero me alegra que se confundiera.
Al fin y al cabo, no todo lo hizo mal conmigo.


"Imagínate esto. Te has pasado pateando por Londres, perdido en un laberinto caótico, tratando de encontrar una ilusión escondida con el único aliento de una esperanza remota, ignorando la realidad, impulsado solamente por sentimientos que no eres capaz de esconder. Has estado buscando un sueño, sin creer realmente que fueras a encontrarlo, pero ahora, aunque parezca increíble, lo has hecho. Está frente a ti, detrás de una puerta de color blanco marfil. Está allí... Ella está allí. Detrás de la puerta".


.Estelle.

martes, 16 de abril de 2013

"No me preguntes por qué", capítulo 2.

12 de septiembre de 2012, 19:14 p.m.

Era demasiado tarde para salir a dar un largo paseo, y demasiado pronto para cenar. Aún así, ya me daba vergüenza continuar desparramada en la cama, a pesar de que los fines de semana era todo lo que tenía que hacer. Para algo me di el capricho de comprar una propiedad en el culo de la civilización para desconectar...

La verdad es que me lo monté muy bien. Supe elegir la carrera adecuada, aunque no la más motivante, pero ahora lo agradezco. Administración de Empresas es lo que tiene... Pero si sabes por dónde moverte y eres hábil como administrador, tienes ganado tu puesto en la empresa en cuestión. Y si además eres amigo y/o familiar de otros amigos y familiares del jefe, ya tienes trabajo. Es triste, lo sé, pero no estoy diciendo nada que no sepamos todos. Sin enchufe lo tienes negro, muy negro. De todas formas, y no es por alardear, soy buena en mi trabajo, y estoy a gusto. También es cierto que al principio me costó adaptarme, pero como en todos los trabajos, ¿no?

Así que de esa forma ocurrió, mi madre habló con su mejor amiga para que me contratara en su procuradora. Digamos que nunca he tenido la necesidad de entregar mi curriculum a ninguna empresa. Yo no he vivido la experiencia de patearte la ciudad repartiendo ese dichoso documento que, seamos sinceros, no todas la empresas se molestan siquiera en echar una triste ojeada antes de arrojarlo a la papelera. Ni tampoco he sufrido la desesperación de no encontrar trabajo a pesar de necesitar urgentemente tener ingresos. Todas esas lecciones que te da la vida desde que te gradúas hasta que te contratan, me las he ahorrado. Me gradué y prácticamente a los diez días ya estaba en periodo de prueba en la procuradora. Un periodo de prueba que, debido a la eficacia de mi trabajo a pesar de mi casi inexistente experiencia laboral, desembocó en un contrato indefinido que a día de hoy es uno de mis valiosos tesoros tal y como está la economía.

Siempre tuve muy claro que en el futuro quería tener dinero. Esa ha sido mi prioridad desde que tengo uso de razón. No quería verme como una desgraciada que todavía pide la propina a su madre con 25 años. Ni con 22. Me veo celebrando mi cuarentena con un piso en el centro (un piso más grande quiero decir), un chalet en la costa para pasar el verano, mis coches, mi vestuario y supongo que con esta humilde casa de campo que me ayuda a escapar del agobio de la ciudad.

Soy consciente de que resulta llamativo que entre mi lista de deseos para mi futuro de vida no figure un marido, unos hijos, una mascota... No sé, alguien que me haga compañía y que llegada una cierta edad se preocupe por mí y me cuide cuando no tenga a nadie más a mi lado. Pero no. Esa es la realidad. No es una prioridad para mí. Lo único que quiero que no me falte nunca es pasta. No necesito nada más que eso para vivir dignamente. Las compañías van y vienen. Las que se van, te pueden marcar o te pueden dejar indiferente. Y las que vienen siempre son bienvenidas, pero su permanencia es incierta. Y a mí me han marcado, sobre todo una vez. Os lo garantizo.

¿Y puedo quejarme de mi situación con 27 años en plena crisis económica del país? Pues no, no puedo.

Así que allí estaba, tirada en esa cama cochambrosa, que nada tiene que ver con el colchón de látex del piso donde resido, arrinconada en esos escasos 12 metros cuadrados. Pero es irónicamente lo que más extraño a lo largo de toda la semana. Ir allí. Perder el tiempo allí. Pensar allí. Descansar allí. Todo allí, en esa casita de campo situada entre los árboles y las zarzamoras del bosque de Lompro, el pueblo cuya aldea frecuentábamos mis padres y yo todos los domingos del verano de mi infancia. Será por eso, debido a la dulzura que percibo al recordar aquellos días inmortales de mi vida, por lo que decidí comprar esa finca.

Nadie puede imaginarse lo apacible que es llegar a un lugar donde no hay apenas civilización, ni gente que esté pendiente de tu presencia o tu ausencia, de la luz que se ve a través de tus ventanas, de si tus persianas están levantadas o no, si has tendido una lavadora, etc. Nada. En las calles de Lompro sí tendría este problema, pero allí abajo, en la aldea, sólo me molesta de vez en cuando el pastor con sus ovejas si no me he despertado temprano, algún animal entre la maleza por la noche, o el sonido de la lluvia y el viento si es invierno. Ni siquiera me molesta llegar a mi casa el domingo por la noche oliendo a lumbre después de estar todo el fin de semana frente a la chimenea. Y ahora, con el buen clima, tampoco me fastidian demasiado las picaduras de mosquito. No hay nada que un buen puñado de recuerdos no puedan compensar.

Y sin embargo, todavía era de día, sentía cómo cada gramo de mi peso cubría mi propia huella corporal sobre el colchón, la ligera brisa que entraba por los huecos de la persiana restaba el calor acumulado durante el día, y escuché algo inusual fuera de la casa para ser la hora que era y estar en el lugar en el que estaba.







miércoles, 3 de abril de 2013

"No me preguntes por qué", capítulo 1 (introducción).



24 de diciembre de 2008, 18:34 p.m.

- ¿Y tienes la poca vergüenza de reclamarme madurez y un comportamiento adulto cuando tú, después de todo este tiempo, me estás demostrando que no tienes ni puta idea de lo que quieres? ¿Eh, Álex? ¿No te da reparo ser tan hipócrita conmigo? -Los peatones que nos veían pasar en el coche no apartaban la mirada. Mientras yo hablaba, no podía dejar de hacer aspavientos y mi expresión facial facilitaba la impresión de que estábamos peleando, y muy fuerte-.

- Está bien, no me des tiempo si no quieres, estás en tu derecho, pero no es necesario que me hables en ese tono. No me seas cría, ¿de acuerdo? -Cómo no, él con sus manazas en el volante y ni una sola mirada hacia mí mientras hablaba-.

-¡Ah, qué cosas! Soy una cría porque te grito. Debería partirte la boca directamente, no será por falta de ganas... Vaya día has escogido para dejarme. ¿Con qué cara voy a cenar esta noche con mi familia?

- Vamos a ver, relájate, ¿quieres? Yo no te estoy dejando, te estoy pidiendo tiempo para aclarar mis ideas.

-¡No me relajo! ¡Es imposible relajarme! ¡No me puedo creer lo que me estás haciendo! Y por supuesto que me estás dejando. Seré una inmadura según tu propio criterio de mierda, pero sé perfectamente lo que quiero en la vida, y también sé que un "necesito tiempo" es una manera sutil de mandar a tomar por culo a la otra persona. Deja de ser tan cobarde y tan hipócrita y da la cara, que te contradices.

- ¡Mira, ahora sí que se acabó! Ya no quiero tiempo, ahora solamente quiero estar solo.

- Estás quedando como un pobre amargado que no ve más allá de sus propias narices. Ahora sí... Ahora no... ¿Tú a qué estás jugando?

- No estoy jugando a nada, eres una cría. No se puede hablar contigo. Lo estoy pasando fatal, no quiero hacerte daño y lo que menos me esperaba era una reacción así por tu parte.

- Oh, pobrecito él... Qué desconsiderada soy. Sólo se me ocurre a mí enfadarme con mi novio porque me deja por su ex.

- ¡No he dicho que te deje por Mara en ningún momento! ¡Necesito tiempo, eso es todo! -Ahora sí me miraba, y con lágrimas a punto de asomar por los ojos. Es nombrar a su ex y se resiente su fibra sensible. Qué divertido era el momentazo-.

- Ya, veamos... Tiempo para cepillártela todas las veces necesarias hasta que lo tengas claro, ¿puede ser?

- Está bien, tú lo has querido -el frenazo fue tan brutal como inesperado-, bájate del puto coche.

- Jajaja, ni de coña...

- Asela, o te bajas o te bajo.

- Tócame, hipócrita cobarde, y verás lo que te pasa.

- ¿Me estás amenazando, niñata? En vez de 23 años parece que tienes 16...

- No, en serio, tócame.

- Jamás te pondría la mano encima, y lo sabes. Pero me sacas de mis casillas. No sabes cuánto me duele que terminemos así... -parecía que se ablandaba, pero yo seguía teniendo ganas de cruzarle la cara-. Creía que ya no sentía nada por ella. Pensaba, estaba convencido de que todo era pasado. Pero me llamó, la he visto y... Se me han venido otra vez todos los sentimientos de golpe.

- ¿Lo ves? Hemos terminado, tú mismo lo has dicho.

- ¿Cómo dices?

- No sabes cuánto me duele que terminemos así. Haber empezado por ahí, ¿no te parece, hombretón hecho y derecho?

Ya no tenía ganas de abofetearle, escupirle ni pisarle. En esos momentos sentía una pena tan grande por él, por lo bajo que estaba cayendo y lo mal que estaba actuando, echando balones fuera culpándome por mi supuesta inmadurez, que en realidad me apetecía darle unas palmaditas en la espalda. Pero tampoco lo hice.
Le miré, como quien mira a un compañero antiguo del colegio que nunca estudiaba y daba la paliza en clase, fumando porros en el parque. Y me bajé de su coche de persona realizada y con ideas claras.

Pero antes de irme sin una despedida, me quedé frente a la ventanilla, me agaché, bajó el cristal y dije:

- Hemos terminado como pareja, pero sólo eso.

- ¿Eso quiere decir que seremos amigos? -me preguntó con una sonrisa patética en la cara-.

- No exactamente...



.Estelle.

viernes, 15 de febrero de 2013

"La sombra de la sirena", Camilla Läckberg.

Como fiel amante de la novela negra, me considero fan incondicional de Camilla Läckberg. Para los que la conocemos es la Agatha Christie del siglo XXI. He leído todas sus novelas editadas en España, hasta ahora son seis y la última la he terminado de leer anoche. Siempre me pasa igual. Estoy a puntito de saber el final, siempre inesperado, y no puedo irme a dormir sin saber cómo termina y quién es el asesino. Esta vez lo terminé a las 2 de la madrugada y por la mañana tenía que madrugar... Tengo sueño.
 
Siempre basa sus novelas en Fjällbacka, su ciudad natal, en Suecia. Menos mal que es todo ficción, porque si realmente asesinaran a tanta gente cada poco tiempo en una localidad tan pequeña... Yo me mudaría. Los protagonistas siempre son Patrick, un policía de la localidad, y su mujer Erica, escritora y "detective" por vocación. Recuerdo cuando en la primera novela "La princesa de hielo", ambos no eran más que unos extraños que se conocieron gracias al asesinato de esa historia... Y hasta aquí el spoiler gratuito.


Pero en esta novela, "La sombra de la sirena", sinceramente... vaya final más surrealista. Me ha gustado de todas formas y me ha enganchado como todos los demás libros, pero creo que el desenlace se le fue ocurriendo sobre la marcha. A lo mejor me confundo pero vamos... El asesino resultó ser quien menos me podía imaginar (bueno, eso ocurre siempre pero esta vez ha sido demasiado). Costaba sospechar de él porque era una de las principales víctimas de la trama. Pero ya ves. Por eso me gusta tanto Camilla Läckberg, porque siempre te sorprende. Cuida cada detalle en las pistas, cuando finalmente sabes quién ha estado detrás del crimen todo el rato, todo encaja; las descripciones son perfectas (yo ya puedo imaginarme más o menos cómo es Fjälbacka y eso que nunca he estado allí) y quieras o no, si sigues sus novelas desde la primera, terminas enganchándote también a los personajes y sus culebrones. No es algo que cobre demasiado protagonismo pero es inevitable.

Sus novelas editadas en España hasta ahora son, por orden cronológico:

  • La princesa de hielo
  • Los gritos del pasado
  • Las hijas del frío
  • Crimen en directo
  • Las huellas imborrables
  • La sombra de la sirena 

¡QUIERO LA SIGUIENTE YA!


"La mejor mentira era aquélla que contenía cierta dosis de verdad".


.Estelle.


jueves, 10 de enero de 2013

Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven.

No creo en Dios, ni en ningún tipo de divinidad. Tampoco creo que en la palabra de los políticos. Bueno, a día de hoy no creo en la palabra de ninguna persona que no sea mi madre. 
En lo único que creo y he creído siempre, sin necesidad de que nadie me haya impuesto sus ideas y credenciales, es en el destino.
Realmente creo que todos y cada uno de nosotros existimos por algo. Creo que todos estamos destinados a  vivir, experimentar, sentir, sufrir y decidir de una u otra manera, y que tenemos un papel determinado para desempeñar en la vida.
No creo que sea nada descabellado. Es una forma bastante aceptable de ver la vida, no hace daño a nadie.


Unos creen en espíritus incapaces de pasar al otro lado por dejar hechas cosas pendientes; otros creen en Dios, algo que me saca de quicio; y otros como Albert Espinosa creen en lo mismo que yo, o al menos esa impresión me ha dado después de leer "Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven".

El inicio es capturador. El desarrollo tiene ese "otro capítulo más y ya paro, sólo para quitarme la curiosidad", y cuando te quieres dar cuenta ya has leído la mitad del libro. Y el desenlace es fascinante. Toda la novela es fascinante de principio a fin. Mágica, increíble pero no imposible, y una prueba de lo mucho que pueden cambiar las cosas dependiendo de qué personas se crucen inesperadamente por tu vida, de que todo sucede por algo. Cosas del destino...

Hace bastante tiempo que le tenía ganas a este libro. Bueno, en realidad le tenía ganas a cualquier libro de este escritor. En mi lista de novelas que leer sólo figura su nombre, no el título. Así que con el buen sabor de boca que me ha dejado esta maravilla esperanzadora creo que le daré otra oportunidad a otro libro de Albert. 


"Es difícil gozar con un te quiero propio".

"Hay veces que una pareja arrastra tanto que ni el amor es suficiente".

"Lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso. Quizá lo que más me impacta es que, siempre que vuelves, el recuerdo es diferente. Y si el recuerdo es diferente, uno lo acaba siendo también, porque ahí están tus raíces y si tus raíces cambian, también cambiará tu tronco...".

"Sé que es difícil de creer que yo sepa cuál fue el día exacto que me quiso hasta el nivel más alto. Pero os juro que cuando se acaba una relación, puedes llegar a saber cuál fue ese día. Lo notas... Lo presientes...".

"La intensidad no la marca el tiempo, sino la emoción que reside dentro de uno".


.Estelle.

jueves, 3 de enero de 2013

"Crimen de autor", Gregg Hurwitz.

Estaba esperándole en el asiento de copiloto de su coche. Había subido a su casa a por algo de dinero para irnos a cenar. Era una de esas noches en que creía que lo nuestro iba por buen camino, aunque unos meses más tarde ese camino se inundara de complicaciones. Entonces él apareció de repente, yo no había oído sus pasos, ni había percibido ni una sola sombra de su presencia hasta verle sentado a mi lado. Estaba demasiado concentrada imaginando un futuro que nunca llegaría. Su dinero estaba en su cartera, y en su mano este libro:


"Este libro te lo vas a leer", me dijo.

Y yo obedecí, como obedecen las personas que se dejan guiar por quien sienten especial admiración.
Con curiosidad, observé la tapa del libro, el título y el autor cuyo nombre no me sonaba de nada.
- "¿Es novela negra?".
- "Sí, como a ti te gustan. Léelo y no tengas prisa por devolvérmelo ".

No recuerdo muy bien si lo comencé a leer al día siguiente o pasadas unas semanas... Creo que pasadas unas semanas. Pero ahora que lo he terminado y sigue en mi posesión sin intención de ser devuelto a su dueño, me atrevo a afirmar que es una de esas joyas de la novela negra, suspense y misterio que no presumen del reconocimiento que se merecen.

No soy partidaria de hacer spoiler, por lo tanto no la comentaré más que a grandes rasgos.

Como en toda novela negra, nada de lo que se esclarece antes de la primera mitad del libro es lo que parece. El final siempre es sorprendente, y lo mejor de todo, es que te deja con ese "mal sabor de boca", por así decirlo, de que es posible que en la vida real tampoco puedas fiarte al 100% de esas personas por las que pondrías la mano en el fuego a que no te traicionarían. Que podrías ser el títere de una mala jugada que pretende hacerte cualquiera. Que dicha mala jugada te haga dudar de ti mismo, de tu salud mental, de tu persona, de tus intenciones, de tu subconsciente... Ese temor a no conocerte, a no saber quién eres ni de lo que eres capaz. Esa sensación de rechazo por parte de personas que creen conocerte mejor que tú, y ese pánico a que realmente así sea. 

Todo esto puede ser agonizante en una persona de a pié. Puede no, lo es.
Pues imaginaos en un escritor de éxito, con millares de ejemplares vendidos y una cara más que reconocida por toda la población. Y peor aún, que gracias a un delito que tú no sabes si has cometido se produzca un morbo enfermizo entre tus fans y no fans que aumente la venta de tus libros. 

Darte cuenta de que te has convertido en el protagonista de una de tus novelas, pero que no tienes ni idea de cómo ha empezado, de qué está ocurriendo, ni cómo terminará.


"Jamás le había pedido mucho a la vida, y al final la vida le había dado poco".

"Con qué facilidad olvidamos que necesitamos a la gente cuando todo va sobre ruedas".

"Todo el mundo está jodido, lo que pasa es que algunos lo llevamos con gracia".

"Era tan tarde que ya era temprano, pero el cielo todavía no lo sabía".


.Estelle.